Historia del pueblo Maya Chortí -3

La Pintada, una comunidad que sobrevive sin agua y sin tierra16

Esta comunidad está ubicada a 15 minutos en carro de la ciudad de Copán Ruinas (lugar donde se encuentra el Santuario Arqueológico Maya), cuesta arriba, cruzando el mítico río Copán. El espacio físico de la comunidad apenas ajusta para las viviendas de las cerca de 70 familias chortís asentadas, quienes cultivan maíz y frijol en tierras alquiladas, en los municipios aledaños.

Esta tierra donde conviven los chortís, ancestralmente les perteneció. Durante la época republicana hacendados mestizos se apoderaron de dichas tierras con la venia del Estado.

Luego, a finales del siglo pasado, con dinero de la cooperación internacional, el Estado compró dicha tierra (inutilizada) al “propietario” y la entregó a la CONIMCHH.

Pero, el sitio ya no era habitable. Las nacientes de agua están secas. La comunidad (con la ayuda de ONGs) tiene instalada el sistema de agua entubada, pero sin agua. Simplemente el agua se marchó junto con los bosques (destruidos).

Desde esta comunidad se divisa la fértil vega del legendario río Copán, pero dichas tierras productivas se encuentran en manos de empresarios guatemaltecos que incluso traen consigo jornaleros de Guatemala.

Desde sus casas los chortís observan el Santuario Arqueológico Maya, frecuentado por cientos de miles de turistas extranjeros (cuyo boleto de ingreso no es menor de 30 dólares por persona), pero ellos y ellas saben por experiencia que a dicho sitio arqueológico nunca podrán ingresar por el alto costo.

El mayor logro que alcanzó CONIMCHH, en sus negociaciones con el Gobierno de Honduras, con relación al Santuario de Copán, fue haber conseguido dos puestos laborales en el área de limpieza y seguridad para sus altos dirigentes nacionales (de forma rotatoria) en dicho Santuario.

Los chortís de La Pintada, al igual que de las otras comunidades, compiten entre sí para ir a trabajar a las fincas vecinas, como jornaleros, a cambio de 100 Lps diarios (5 dólares), sin comida. El frijol y maíz que producen es para consumo familiar y para pagar el alquiler del terreno (1000 Lps. por manzana).

Cuando ellos bajan a vender el frijol a los intermediarios ladinos, éstos les pagan 5 Lps. la libra. Pero, en las pulperías, el mismo frijol cuesta 10 Lps. la libra. Y cuando se les acaba el frijol, los chortís salen a las pulperías a comprar el frijol que vendieron, pero al doble del precio. Lo mismo ocurre con el maíz.

Esta es la dolorosa realidad de un pueblo milenario, cuyas raíces datan de más de 6 mil años de historia. Un pueblo folclorizado por la insipiente industria del turismo nacional, manipulado por políticos y ONGs para “cosechar” el financiamiento de la cooperación internacional.

Un pueblo genéticamente maya, pero culturalmente más ladino que maya. Un pueblo con un presente adverso y un futuro con pronóstico reservado. Una realidad donde cada instante de vida es prácticamente un acto de fe.

America Latina en Movimiento.

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