La Energía de Los Mayas – 3

Chwa Nima Abaj (Mixco Viejo Chimaltenango, Guatemala). – 3
Frente al Gran Altar.

En la Base de muchos edificios, los arqueólogos sacaron a luz sepulturas y ofrendas que revelaron recipientes de cerámica, una calavera con deformación artificial, un hacha de cobre y un collar de campanitas de oro.

También hay decenas de urnas pintadas que contenían restos incinerados de miembros de la élite de la ciudad, que pese a su magnificencia tuvo una historia relativamente corta.

Las esculturas monumentales son escasas. En la cancha de juego de pelota del Grupo B se encontró un marcador con forma de reptil, en cuya boca se ve una cara humana. El otro marcador nunca se encontró.

En el relleno de una píramide del mismo grupo se encontró una estela sin iconografía, quebrada en dos.
La vida cotidiana y las circunstancias de guerra se reflejan en objetos como comales, ollas, cántaros y escudillas de cerámica, así como en las armas y herramientas de obsidiana.

Cabe aclarar que los vestigios no se limitan a los grupos arquitectónicos de la meseta de Chwa Nima Abaj.
En los sectores circundantes los arqueólogos encontraron plataformas bajas y sepulturas – a veces congregadas en cementerios – que atestiguan la existencia de asentamientos o quizá reflejan la dura batalla que allí se libró.

Esta ciudadela fue erigida a partir del siglo XIII, con un carácter defensivo, lo cual se evidencia en los acantilados que la rodean. Su población intramuros debió ser de unos mil 600 habitantes. Fue el último bastión de la residencia de los cakchiqueles chajoma contra los conquistadores españoles.

Por mucho tiempo los investigadores se equivocaron sobre la identidad de esta población, pues la Recordación Florida, escrita por el cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzman en 1690, distorciona algunos datos.

Fue por ello que Lehmann confundió este sitio con la capital del señorío pocomam, Mixco Viejo, y lo bautizó así. A su vez, el que debió llevar este nombre fue nombrado Chinautla Viejo.

Las investigaciones del antropólogo Robert Carmack, en la década de 1970, acabaron con la confusión, al determinar que la ciudad perteneció a los cakchiqueles chajoma.

Carmack se basó en el Título de San Martín Jilotepeque, documento redactado en 1555, acerca de la antigua prosesión de las tierras indígenas.

En este título se llama al sitio Chuwa Pek Q’eqak’ajol Nima Ab’aj (Gran Piedra ante la Cueva de los Hijos de la Noche, en Kaqcjhikel antiguo).

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